Su día empieza bastante temprano. El frío se filtra por sus huesos. Y, su cuerpo pide con desesperación que no deje la cama. Pero ya ha llegado el otro día para trabajar.
Después de salir de casa, organizar el bus como debe ser. Hará una oración si es devota o sencillamente enciende el carro para comenzar su día laboral relativamente igual al anterior.
Los letreros y el número de la ruta es la distancia que hay entre el pasajero y su conductos, las personas suben, no dicen ni buen día, entregan su dinero y buscan una silla rápidamente y es preferible que esté vacía la solla del lado. Nótese el poco interés por interactuar con otros pasajeros.
Entre el conductor y cada uno de sus pasajeros es vacía, se sabe que no es para hablar en todo el camino. Tampoco para entablar alguna relación, pero el servicio tendrá un valor agregado si es más amena dicha relación.
En un día caluroso las personas suelen se más distantes que de costumbre, sus cuerpos sudorosos no quieren ser rosados con otros desconocidos y sólo les importa llegar a su destino lo más pronto posible.
En el bus hay algo muy curiosos; cuando la persona va a bajarse oprime el botón rojo que emite un sonido y automáticamente el conductor para, pero también suena como código para decir las gracias.
Mmm… Será por el clima o los individuos de Pereira son eso. INDIVIDUOS incapaces de tener un mínimo de formalidad a la hora e abordar un bus como el medio de transporte más común y barato entre las clases sociales.
martes, 20 de abril de 2010
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